Quién soy

En un mundo imperfecto, yo no soy la excepción

domingo, 6 de octubre de 2013

Cuento de hadas

Os voy a contar un secreto: Las hadas no saben que lo son, porque no existen hasta que alguien cree en ellas.


Esta es la historia de un hada que no sabía que lo era, un rey desconocido y un reino  en las montañas.


Perdido entre las montañas había un lugar especial, un reino remoto que pocos conocían. En realidad, no lo conocía nadie, solo el único habitante y rey del lugar. A él le gustaba la soledad de su entorno. Encontraba algo parecido a la paz recorriendo sus amadas montañas mientras gritaba al viento cuanto le pasaba por la mente. Al anochecer regresaba a la morada de piedra que constituía su castillo. En invierno encendía un buen fuego y el crepitar de las llamas acompañaba su silencio. En verano contemplaba las estrellas sin ponerles nombre ni buscar respuestas; simplemente las miraba, sintiéndose pequeño y grande a la vez.


El rey, amante de la calma y la independencia, había aprendido a vivir sin anhelar compañía, aunque su corazón generoso jamás negaba cobijo a quienes llamaban a su puerta.


Y eso fue lo que pasó... Ella llegó una noche y preguntó si podía descansar un rato. El rey señaló una silla junto al fuego, y la mujer tomó asiento. Por experiencia, él sabía que había caminantes a los que les gustaba hablar después de largas jornadas  a solas. Aquella criatura pertenecía a ese grupo, y parloteó de mil cosas, mientras el rey hacía acopio de toda su real paciencia para no pedirle que se callase de una vez.


Quizás lo habría hecho sino hubiese sido por un quiebro en la voz, seguido de un silencio. Las palabras habían cesado y lágrimas silenciosas recorrían sus  mejillas. El rey la contempló sin saber qué decir para consolarla, pues desconocía la causa de su pena. Fue entonces  cuando una luz diferente la iluminó, y comprendió que era un hada. Ahí radicaba el problema. Las mujeres-hadas no pueden vivir las vidas cotidianas que creen corresponderles. Las alas, que crecen hacia dentro, hieren, y el corazón bombea demasiado rápido las mil emociones que perciben a cada momento.


-         Eres un hada –afirmó el rey.
-         ¿Yo? Te equivocas, solo soy una mujer –dijo ella.- ¿Acaso tu eres un rey?
-         Lo soy.
-   ¿Y cuál es tu reino? –preguntó repentinamente interesada (porque amigos míos, las hadas son terriblemente curiosas e inquisitivas).
-         Este que ves.

Ella miró aquel lugar austero y tranquilo donde se respiraba placidez. Sonriendo, dijo:

-        Me gusta tu reino. ¿Puedo visitarte alguna vez?
-         Siempre que lo desees.


Volvió. Le gustaba hablar con el rey, que insistía en llamarla hada. Descubrió que no había perdido la risa, y la unió a la de él. Una noche le hizo una petición.


-         ¿Me das la plaza de hada oficial del reino?


El rey se levantó y buscó un papel donde hizo constar su nombramiento como  hada protectora del lugar. Cuando se lo entregó, ella lo rompió sin leerlo y las palabras volaron como mariposas blancas.


-         No necesito documentos, rey. Para ser tu hada solo es preciso que desees que lo sea.
-         Lo deseo.


Se miraron. Ella no tenía alas ni luz alrededor de su cuerpo y él no tenía corona  ni ornamentos; pero eran aquello que el uno veía en el otro, reales dentro de la fantasía compartida.


Dicen que los cuentos de hadas no existen, pero yo acabo de contaros uno.


Dicen que los reinos perdidos, donde uno se siente libre y feliz, son utópicos, pero todos deseamos y necesitamos alguna vez creer en ellos.


Y os aseguro que, perdido en las montañas,  hay un reino con un castillo, un rey y un  hada.




20 comentarios:

  1. Un cuento muy tierno. Sé que existe ese reino, y que esa plaza todavía está libre, mi querida hada Gondo.
    Un abrazo.

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  2. Ese reino existe.
    Todo existe si eres capaz de imaginarlo.
    Besos.

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  3. Sin palabras!! qué preciosidad, con tu permiso lo comparto en mi face!! Besos querida mía... me has emocionao.

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    1. Besotes, Maite.

      Comparte cuanto quieras, y gracias por hacerlo.
      Más besos.

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  4. Que bonito Gondo. Que bueno este rey sin ornamentos y esa hada sin alas. Hay mucha metáfora por aquí..., un besazo.

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    1. Las metáforas son palabras vestidas de imaginación.
      Da gusto soñar ¿no crees? Pronunciar el "érase una vez" y que todo pueda suceder.
      Besos tocaya encantadora.

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  5. Yo veo muchos reinos de desgraciados y desgraciadas.

    Besos.

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    1. No me fastidies el banquete con perdices y felices, Toro jajaja ja.

      A veces... hay que soñar.
      Besos.

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  6. Es precioso, tiene conceptos que me encantan: la soledad, que no se parece a la paz, es la paz; la bondad, cuándo son pocos o nadie que te rodean es fácil ser bueno. “Lejos del mundanal” siempre se respira placidez.

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    1. Muchas gracias Mersault.
      El texto fue escrito como un recordatorio a los niños que fuimos y que, al conjuro de "érase una vez..." imaginábamos tanto.
      Saludos.

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  7. Un bonito cuento de hadas sin alas y reyes sin riquezas aunque no estoy muy seguro de esta ultima parte. Un abrazo compañera.

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    1. Los cuentos son sueños atrapados en palabras, por eso nos atraen tanto.
      Abrazos.

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  8. Estoy pensando lo bonito que debe ser contar un cuento de hadas propio a un hij@ o niet@...
    Lindo, Angelaza. Besos

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    1. ¡Qué familiar y entrañable te veo Luis!
      Inventé muchos cuentos para mis hijos, pero ninguno de hadas. Mi favorito era el de la oveja negra. Un día os lo contaré.
      Besos.

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  9. Haikú del hada

    Hada sin alas
    ninfa traviesa y feroz
    yo, Rey sin corona.


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  10. Llueven palabras,
    rocío de emociones.
    Un universo en Existiamo.

    Besos siempre, Rey.

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  11. --- y un ogro, generalmente, con traje y corbata.
    Abrazos, siempre

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    1. Ogros hay... Yo conocí a uno con traje, corbata, dos barrigas y... PELIRROJO.
      Vade retro!!!!

      Abrazos.

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  12. Yo sí creo en las hadas. Algunas tienen nombre de barca pequeña que va por los canales de Venecia.

    Precioso!

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