Sé que llevo un tiempo esquivando narrar las historias en las que arrastraría parte de mí Si escribo lo hago sobre sensaciones de paso, emociones ambiguas y/o compartidas. Me ciño el cinturón de la reserva y abrigo mi alma en un manto intimista pero sin intimidades.
A veces me asaltan las ganas de levantar el pie del freno y contar, gritar, compartir… Es fácil abrirse las venas del corazón frente a un papel o una pantalla… También da miedo exponer la desnudez a otros ojos, mostrar la tremenda fragilidad del esqueleto que sostiene nuestra existencia, trascender a las capas y adornos que nos ocultan.
Podría contar una historia lineal aderezada con muchas otras. Quizás vendría bien airear algunas emociones. Tal vez sería bueno exhibir la desnudez más pura y llenar los pulmones para seguir.
Pero hoy, que se imponen el pudor, la reserva y la defensa de la propia vulnerabilidad, solo dejo mis preguntas, a las que doy respuestas cambiantes y siempre van conmigo.
¿Qué miedos siguen al acecho en mis esquinas?
¿Qué esperanzas aún se agitan en el poso de los desengaños?
¿Qué anhelos pelean con mis renuncias?
¿Quién soy?
¿Quién soy?